Tarea

Veamos este simpático y liviano trocito de propaganda del Wall Street Journal.

Opinión/Editorial: 8 de Noviembre de 1999
Los  socios capitalistas vitorean a los bufones de Seattle
por George Melloan
The Wall Street Journal
Seattle, una vez considerada una de las ciudades  más hospitalarias, ha preparado una recepción estrafalaria para los casi 5,000 dignatarios que vendrán de 150 países a fin de este mes para lanzar una nueva “ Ronda del Milenio” para las negociaciones de comercio. La ciudad y los ayuntamientos de la provincia han decretado resoluciones que comunican a los visitantes que están entrando en una “Zona Libre de AMI”
A diferencia de casi cualquiera en el mundo, los delegados a la conferencia de la OMC entenderán lo que significa esa prohibición. Muchos de ellos no se alegrarán al saber que deben olvidar cualquier discusión sobre el AMI en las cercanías de la Space Needle (N. de la Tr: Edificio emblemático de la ciudad de Seattle). Los jefes de estado y el gobierno no están acostumbrados a recibir indicaciones de los pueblerinos locales. Pero ese puede llegar a ser el último de sus problemas, de los cuales tendrán más después. 
AMI, por si usted no percibió la agitación del año pasado, es la sigla del Acuerdo Multilateral de Inversiones, descrito una vez por el Secretario General de la OMC Renato Ruggiero como “la constitución para la economía global”. Las negociaciones entre las 29 naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se estaban llevando a cabo bastante bien el año pasado, hasta que atrajeron la atención de los radicales de izquierda, que procedieron a organizar un frente popular contra el AMI. Hacia fin de año, el gobierno socialista francés, donde está la central de la OCDE y donde se hospedan los delegados del AMI, no pudo aguantar la presión y las negociaciones acabaron desprolijamente. La izquierda proclamó la victoria sobre las fuerzas malignas de la globalización. Animados por el éxito, diversos grupos de trotskistas, activistas contra el SIDA,  ambientalistas, anarquistas y amantes de la emoción tendrán su momento de gloria en Seattle el 30 de noviembre.
Algo llamado la “Ruckus Society” (Sociedad de Agitadores) convocó a los revoltosos que tengan sus mismas intenciones a una sesión de estrategia en un campamento al pie de las Cascadas en septiembre, para discutir la forma de interrumpir la reunión de la OMC. Técnicas de guerrilla urbana como escalar edificios para desplegar carteles, una táctica favorita de Greenpeace, son parte de los planes. Participarán grupos desconocidos, como la “Red de Acción de  los Pluvibosques Tropicales” o “Arte y Revolución” formando barricadas. Pero otros grupos son más conocidos. El grupo Public Citizen de Ralph Nader se adjudica la paralización de las negociaciones del AMI con la movilización de una campaña internacional a través de Internet. No hay que subestimar el talento organizativo de un hombre que se las arregló para adoctrinar a millones de estudiantes universitarios con sus ideas chifladas a lo largo de los años, consiguiendo dinero de las matrículas que pagan muchos confiados padres de clase media.
Volviendo al AMI, ¿qué es exactamente este terror venenoso que tanto horroriza a la izquierda? Para los que no sean partidarios de Nader, puede resultar incluso benigno. Los países que elijan firmar este acuerdo aceptarían inversiones extranjeras, con algunas excepciones y darían a los inversionistas extranjeros el mismo status legal que a los locales. Ya que todos sabemos que la inversión directa en fábricas y servicios crea trabajo y que las naciones ricas tienen mucho más capital para invertir que las pobres, esto no suena tan mal, ¿verdad? Si se deja que el capital fluya libremente, irá frecuentemente a lugares en los que pueda hacer más bien, aliviando la miseria de las personas que se afanan por un sueldo de hambre en lugares como India o Bangladesh.
Pero a pesar de que la izquierda internacional gime públicamente por los condenados de la Tierra, no es muy dada a encontrar maneras prácticas de ayudarlos. Más bien, todo lo contrario. Los muchachos que irán en masa a Seattle son de los que  presionan por medidas contra el “calentamiento global” que paralizarían las fábricas marginales de los países del Tercer Mundo. Combaten la biotecnología, una ciencia que puede proveer a los granjeros pobres con plantas y ganado más resistentes a las enfermedades, particularmente en áreas tropicales. 
La razón por la que descuidan los intereses de los pobres del mundo es muy simple: La mayoría de ellos nunca han sido pobres y odian a las compañías privadas multinacionales que llevan trabajo y tecnología a los últimos confines del mundo. Ese odio  se demuestra en su literatura y es también la razón por la que irán a Seattle para intentar arruinar el próximo paso de la liberalización del mercado.
Pero a pesar de lo que ellos crean que son sus objetivos, o a pesar de cualquier auto-imagen  de nobleza innata que ellos poseen, no viven en el mundo real. Después de la desastrosa experiencia del Siglo XX, con   la propiedad estatal de “los medios de producción”, la privatización es una ola mundial que no puede pararse. El desarrollo tecnológico tendrá lugar, no importa cuántos luditas se acuesten frente a las aplanadoras [N. de la Trad.:  luditas: personas que a principios del siglo XIX se opusieron a la introducción de maquinarias porque reducían el empleo].  Y mucha gente, incluso los románticos de la revolución que tan frecuentemente habitan las salas de prensa del mundo, está conociendo sus técnicas amedrentadoras.
Lo que los comandos de Seattle probablemente no entienden es que están sirviendo a los intereses que afirman odiar: las oligarquías del Tercer Mundo, por ejemplo. La pobreza de un país no es  un mandato del cielo. Está causada – incluso Carlos Marx lo decía bien – por las clases dominantes que no se interesan por los problemas del hombre común. Estas oligarquías gobiernan un gran número de países empobrecidos del Tercer Mundo. Algunos de ellos se vendieron inicialmente a sus seguidores como marxistas populistas, pero aprendieron que el poder y la riqueza tienen sus recompensas anímicas, incluso si las ideologías no funcionan.  
En la mayoría de los casos, protegen su situación privilegiada manteniendo a raya a las empresas multinacionales que llegan a su país y movilizan gente y recursos para llevar a cabo iniciativas comerciales eficientes que dejarían fuera de juego a los compinches locales. AMI es una clara amenaza para esta gente, como cualquier medida que abra el mundo al comercio y la inversión. 
Public Citizen nació con la sublime idea de poner en vereda a las corporaciones multinacionales. De hecho, ha logrado algunos resultados forzando a las empresas a justificarse públicamente.  Pero no ha derrotado  al capitalismo y ahora se une a abogados querellantes que están menos interesados en la justicia que en enriquecerse. Quizás sea la ley de las consecuencias no deseadas.
¿Y qué hay con Bill Clinton? ¿Dejará que un evento internacional tan importante se vuelva un fiasco? De hecho, abrió la puerta al fracaso exigiendo, a requerimiento de dos de sus grupos de electores , que las políticas estatales de trabajo y medio ambiente lograsen ciertos  estándares fijados en las negociaciones de comercio. Sus acólitos están intentando ahora apaciguar a las ONG (Organizaciones No Gubernamentales) como Ruckus, prometiéndoles a éstas un lugar en la mesa de negociación. Más  importante aún, está intentando mantener el AMI fuera de la agenda. ¿Acaso Al Gore tiene influencia en este gobierno incapaz, o qué?
Hay razones para dudar que el apaciguamiento funcione. Una vez que has aprendido a escalar un edificio o has hecho ceder a un ayuntamiento ante tus deseos,  ceder o llegar a un punto medio no es una opción interesante. Sobre  todo, así te pierdes toda la diversión. 
(Copyright, 1999, Dow Jones & Company, Inc. Todos los derechos reservados.)

Intentemos encontrar el razonamiento subyacente. Primero necesitamos trabajar el artículo y remover todas las palabras “ emotivas”.


Habrá una manifestación en Seattle durante la reunión de la OMC este mes.
A diferencia de casi cualquiera en el mundo, los delegados a la conferencia de la OMC entenderán lo que significa esa prohibición. Muchos de ellos no se alegrarán al saber que deben olvidar cualquier discusión sobre el AMI en las cercanías de la Space Needle (N. de la Tr: Edificio emblemático de la ciudad de Seattle). Los jefes de estado y el gobierno no están acostumbrados a recibir indicaciones de los pueblerinos locales. Pero ese puede llegar a ser el último de sus problemas, de los cuales tendrán más después.
Los delegados de la OMC no están acostumbrados a que haya manifestaciones durante sus encuentros.
AMI, por si usted no percibió  la agitación del año pasado, es la sigla del Acuerdo Multilateral de Inversiones, descrito una vez por el Secretario General de la OMC Renato Ruggiero como "la constitución para la economía global". Las negociaciones entre las 29 naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se estaban llevando a cabo bastante bien el año pasado, hasta que atrajeron la atención de los radicales de izquierda, que procedieron a organizar un frente popular contra el AMI. Hacia fin de año, el gobierno socialista francés, donde está la central de la OCDE y donde se hospedan los delegados del AMI, no pudo aguantar la presión y las negociaciones acabaron desprolijamente. La izquierda proclamó la victoria sobre las fuerzas malignas de la globalización. Animados por el éxito, diversos grupos de trotskistas, activistas contra el SIDA, ambientalistas, anarquistas y amantes de la emoción tendrán su momento de gloria en Seattle el 30 de noviembre.
El AMI se frustró a causa de la retirada de Francia, forzada por los activistas. Este descarrilamiento ha animado a los activistas.
Algo llamado la "Ruckus Society" (Sociedad de Agitadores ) convocó a los revoltosos que tengan sus mismas intenciones a una sesión de estrategia en un campamento al pie de las Cascadas en septiembre, para discutir la forma de interrumpir la reunión de la OMC. Técnicas de guerrilla urbana como escalar edificios para desplegar carteles, una táctica favorita de Greenpeace, son parte de los planes. Participarán grupos desconocidos, como la "Red de Acción de  los Pluvibosques Tropicales " o "Arte y Revolución" formando barricadas. Pero otros grupos son más conocidos. El grupo Public Citizen de Ralph Nader se adjudica la paralización de las negociaciones del AMI con la movilización de una campaña internacional a través de Internet. No hay que subestimar el talento organizativo de un hombre que se las arregló para adoctrinar a millones de estudiantes universitarios con sus ideas chifladas a lo largo de los años, consiguiendo dinero de las matrículas que pagan muchos confiados padres de clase media.
Los activistas están planificando manifestaciones desde septiembre. La oposición viene de diversos sectores, algunos mejor conocidos que otros, incluyendo a Ralph Nader que es un notable organizador especialmente en universidades.
Volviendo al AMI, ¿qué es exactamente este terror venenoso que tanto horroriza a la izquierda? Para los que no sean partidarios de Nader, puede resultar incluso benigno. Los países que elijan firmar este acuerdo aceptarían inversiones extranjeras, con algunas excepciones y darían a los inversionistas extranjeros el mismo status legal que a los locales. Ya que todos sabemos que la inversión directa en fábricas y servicios crea trabajo y que las naciones ricas tienen mucho más capital para invertir que las pobres, esto no suena tan mal, ¿verdad? Si se deja que el capital fluya libremente, irá frecuentemente a lugares en los que pueda hacer más bien, aliviando la miseria de las personas que se afanan por un sueldo de hambre en lugares como India o Bangladesh.<0}
El AMI brinda a los extranjeros el mismo status legal que los inversionistas  extranjeros. Los países que firman este acuerdo aceptan inversiones extranjeras. La inversión directa crea trabajo. Los países ricos tienen más capital para invertir que los países pobres. Así que los primeros enviarán su capital a los segundos. Este capital creará riqueza y hará que las naciones pobres sean más ricas.
Pero a pesar de que la izquierda internacional  gime públicamente por los  condenados de la Tierra, no es muy dada a encontrar maneras prácticas de ayudarlos. Más bien, todo lo contrario. Los muchachos que irán en masa a Seattle son de los que  presionan por medidas contra el "calentamiento global" que paralizarían las fábricas marginales de los países del Tercer Mundo. Combaten la biotecnología, una ciencia que puede proveer a los granjeros pobres con plantas y ganado más resistentes a las enfermedades, particularmente en áreas tropicales.
Los activistas que protestan contra la OMC presionan para controlar la emisión de contaminantes. Reducir la  contaminación cerraría fábricas en el Tercer Mundo y esto perjudicaría a los pobres. Los activistas que protestan contra la OMC están contra la biotecnología. La biotecnología es buena para los granjeros pobres. Por lo tanto, los activistas que protestan contra la OMC están perjudicando a los pobres.
La razón por la que descuidan los intereses de los pobres del mundo es muy simple: La mayoría de ellos nunca han sido pobres y odian a las compañías privadas multinacionales que llevan trabajo y tecnología a los últimos confines  del mundo. Ese odio se demuestra en su literatura y es también la razón por la que irán a Seattle para intentar arruinar el próximo paso de la liberalización del mercado.
Los activistas protestan contra la OMC porque nunca fueron pobres. No puede entender a los pobres. Odian a las empresas ricas que entregan riquezas a los pobres.
Pero a pesar de lo que ellos crean que son sus objetivos, o a pesar de cualquier  auto-imagen  de  nobleza innata que poseen, no viven en el mundo real. Después de la desastrosa experiencia del Siglo XX, con  la propiedad estatal de "los medios de producción", la privatización es una ola mundial que no puede pararse. El desarrollo tecnológico tendrá lugar, no importa cuántos luditas se acuesten frente a las aplanadoras [N. de la Trad.: luditas: personas que a principios del siglo XIX se opusieron a la introducción de maquinarias porque reducían el empleo].  Y mucha gente, incluso los románticos de la revolución que tan frecuentemente habitan las salas de prensa del mundo, están conociendo sus técnicas amedrentadoras.
La privatización no se puede detener. Cada vez más gente está comenzando a reconocer que es así.
Lo que los comandos de Seattle probablemente no entienden es que están sirviendo a los intereses que afirman odiar: las oligarquías del Tercer Mundo, por ejemplo. La pobreza de un país no es  un mandato del cielo. Está causada - incluso Carlos Marx lo decía bien - por las clases dominantes que no se interesan por los problemas del hombre común. Estas oligarquías gobiernan un gran número de países empobrecidos del Tercer Mundo. Algunos de ellos se vendieron inicialmente a sus seguidores como marxistas populistas, pero aprendieron que el poder y la riqueza tienen sus recompensas anímicas, incluso si las ideologías no funcionan.  
La pobreza es ocasionada por las elites del Tercer Mundo.
En la mayoría de los casos, protegen su situación privilegiada manteniendo a raya a las empresas multinacionales que llegan a su país y movilizan gente y recursos para llevar a cabo iniciativas comerciales eficientes que dejarían fuera de juego a los compinches locales. AMI es una clara amenaza para esta gente, como cualquier medida que abra el mundo al comercio y la inversión. 
Las elites del Tercer Mundo retendrán el poder manteniendo al margen a las empresas multinacionales. El AMI y la liberalización de mercado favorecen a las corporaciones internacionales. Esto por consiguiente menoscaba la capacidad de retener el poder de las elites del Tercer Mundo.
Public Citizen nació con la sublime idea de poner en vereda a las corporaciones multinacionales. De hecho, ha logrado algunos resultados forzando a las empresas a justificarse públicamente. Pero no ha derrotado al capitalismo y ahora se une a abogados querellantes que están menos interesados en la justicia que en enriquecerse. Quizás sea la ley de las consecuencias no deseadas.
Los grupos de activistas intentan reducir el poder de las corporaciones multinacionales. Las han forzado a justificarse a sí mismas. Pero las corporaciones permanecen en el poder.
¿Y qué hay con Bill Clinton? ¿Dejará que un evento internacional tan importante se vuelva un fiasco? De hecho, abrió la puerta al fracaso exigiendo, a requerimiento de dos  de sus grupos de electores, que las políticas estatales de trabajo y medio ambiente lograsen ciertos estándares  fijados en las negociaciones de comercio. Sus acólitos están intentando ahora apaciguar a las ONG (Organizaciones No Gubernamentales) como Ruckus prometiéndoles a éstas un lugar en la mesa de negociación. Más importante aún, está intentando mantener el AMI fuera de la agenda. ¿Acaso Al Gore tiene influencia en este gobierno incapaz, o qué?
Clinton exigió que las políticas laborales y medioambientales se incluyan en los acuerdos de comercio. Está intentando mantener el AMI fuera de la agenda. Por lo tanto, es un líder débil y el activismo es culpa suya.
Hay razones para dudar que el apaciguamiento funcione. Una vez que has aprendido a escalar un edificio o has hecho ceder a un ayuntamiento ante tus deseos,  ceder o llegar aun punto medio no es una opción interesante.  Sobre todo, así te pierdes toda la diversión. 
No se podrá impedir que los activistas se manifiesten aunque se cumplan sus exigencias, porque lo hacen por diversión.

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