Sección II: Estadísticas
Introducción
Si llegaste hasta aquí es porque te gusta razonar. Puedes escuchar o
leer un argumento y evaluar su veracidad, puedes afrontar afirmaciones categóricas
del tipo de "el bombardeo de la OTAN es justo". Pero hay otra forma
engañosa de razonar y convencer con la que todavía no hemos trabajado:
las estadísticas.
¿Quién las necesita?
En la práctica hay tres razones para utilizar las estadísticas:
- Para resumir: digamos que quieres saber cuánto calor hace en un
sitio (por ejemplo en Ottawa, Ontario) comparado con otro sitio (Miami, Florida).
Puedes medir la temperatura cada día y compararla, haciendo largas
listas durante un año. Así puedes comparar cada número
de la lista. Y entonces podrías decir: "El martes hizo diez grados
más de calor en Miami, el miércoles hizo 20 grados más",
y así sucesivamente, y puedes mantener un registro de todos esos números.
O puedes resumirlos, utilizando estadísticas, y decir algo como "en
promedio hace 22 grados más de temperatura en Miami que en Ottawa".
- Para apostar. Si arrojas algo desde el balcón del último
piso puedes estar seguro de que va a caer. Pero si tiras una moneda no puedes
saber de qué lado caerá. Puedes hablar de las "posibilidades"
de que salga cara. O de las "probabilidades" de que salga cara.
Estás utilizando estadísticas otra vez.
- Para mentir. Esta es la utilización de las estadísticas que
nos concierne. Aprenderás algunos trucos estadísticos comunes,
un poco del lenguaje extravagante que los grandes y poderosos utilizan para
facilitar la intimidación, y algunas tácticas para combatir
estos engaños.
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