El método por el cual desarrollamos e interpretamos la sociedad y el cambio social es muy sencillo; aunque esto no significa que el proceso sea simple. Nosotros lo hacemos paso a paso, pero cada uno de los pasos es bastante complicado. Veamos cómo este método se aplica al cambio económico -y aquí vamos a asumir algún tipo de afinidad con el modelo de Parecon. Veremos cómo hicimos nuestra la visión de la economía participativa y qué haremos para ponerla en práctica:
Aunque ciertamente la discusión no acaba aquí, y las ideas presentadas como "la visión parecon" siguen sujetas a ulterior desarrollo, el punto en que no hemos profundizado es cómo seguimos a partir de aquí.¿De qué forma, como activistas y no como idealistas, podemos empezar a trabajar para la consecución de una economía participativa? A este respecto:
De este modo, nos enfrentamos a la cuestión totalmente común y razonable acerca de cómo llegar de aquí a allí. En la enseñanza o discusión de parecon, inevitablemente, y del todo lícita, se espera de nosotros que presentemos opciones e ideas dirigidas a los activistas para movilizarse en la actualidad. De hecho, todos afrontamos problemas económicos en nuestro día a día, cuando no como consumidores, como trabajadores, activistas, ciudadanos. En la medida en que podamos obrar en concordancia con nuestros valores, así deberíamos de hacerlo; sólo esto ya fomenta la economía participativa, llevándonos a aplicar los conceptos de parecon a nuestra "rutina diaria", en muchos casos alterando esa rutina. Sin embargo, desgraciadamente, lo que hacemos a nivel individual tiene sin duda poco impacto sobre la sociedad, y muy poco sobre las estructuras sociales. Así, la implementación de una economía participativa, que por definición consiste en cambios sociales radicales, no puede tener lugar tan sólo por cambios de actitud, sean por parte del individuo o de una gran mayoría. Se requiere además prestar atención a, y la alteración de, las instituciones económicas a todos los niveles, desde nuestra casa y vecindario hasta el lugar de trabajo, la industria y la sociedad en general.
Y las cosas son más complicadas también por la propia definición de la economía participativa, que es un sistema que sólo puede ponerse en práctica y mantenerse por una sociedad que esté experimentando otras transformaciones sociales, especialmente en las relaciones e instituciones culturales, familiares y políticas. Esto es, siempre y cuando estos cambios radicales se hagan del modo que nos hemos referido, de un individuo a otro; desde la familia y los amigos; desde las diferentes culturas, razas, etnias; en la manera de organizar nuestros asuntos morales y nuestras relaciones con otras sociedades -a no ser que estos cambios se hagan desde todas estas perspectivas, será imposible llevar a cabo una economía participativa. La demanda de una economía autogestionada está directamente relacionada con el tema de la democracia -temas que no somos ni capaces de tratar en nuestros quehaceres políticos, por mucho trabajo y dedicación que se les preste.. Si ni siquiera hemos conseguido resultados satisfactorios en nuestra lucha por la tolerancia cultural, ni mucho menos por la diversidad, ¿cómo entonces deberíamos de esperar que estos valores se aplicaran en nuestro lugar de trabajo y en nuestras prácticas de consumo? Al mismo tiempo, tienen que darse cambios radicales en nuestra economía para que se den transformaciones en los ámbitos de las relaciones familiares, la cultura y la política.
Estas son las perspectivas con que nos encontramos y por ahora la implicación debería ser algo obvia. Estamos hablando de algo más general, una revolución absoluta en el más estricto sentido de la palabra.
Aún así, asumiendo todo esto, no tenemos por qué aceptar todas las connotaciones que normalmente se asocian a la idea de revolución. Los cambios sociales que he esbozado brevemente son a la vez complejos y radicales; y por muy radicales que puedan ser, los cambios tienen que darse como un proceso, probablemente un proceso más bien largo. Como es de esperar de los procesos, habrá estadios en éste, en todos los frentes: económico, interpersonal, cultural y político.
Para nuestros propósitos, discutiremos algunas ideas bastante concretas aquí; mi presentación se limitará a la estrategia y las tácticas para promover la participación en el proceso del cambio económico.
Existen básicamente dos aspectos sobre los que necesitamos luchar por el cambio social en todos los ámbitos, incluido el económico. El primero es el aspecto objetivo: debemos cambiar las condiciones dentro de la sociedad -las estructuras sociales, organizaciones, instituciones, relaciones- de modo que produzcan buenos resultados, y sean consistentes con nuestros valores y visión. El segundo es el aspecto subjetivo, nuestra interpretación individual y "colectiva" del mundo que nos rodea, nuestras creencias, etc. Puede parecer que este segundo aspecto debería de preceder al primero, mas en verdad ninguno precede al otro, ni en prioridad, ni en secuencia temporal. Lo que viene a decir que el cambio subjetivo es tan dependiente de cambios en las estructuras sociales como tales cambios lo son del cambio del modo de pensar de las personas. Nuevamente, estamos considerando todo esto como un proceso escalonado, y no como un cambio brusco. Transformamos algunas mentes, cambiamos ciertas instituciones, esas instituciones nos ayudan a transformar algunas mentes más, esas mentes resisten las instituciones opresivas y elaboran otras más liberadoras. Y el proceso continua hasta que hayamos cambiado una "masa crítica" de instituciones y mentes.
Cuando me referí anteriormente al proceso de cambio económico radical hacia una economía participativa como "transformación", estaba hablando en sentido general, lo cual, aplicado a la estrategia, podría resultar engañoso. Realmente existen tres tipos de cambios, aunque no necesariamente distintos, a los que debemos atender. En primer lugar, es cierto que muchas de las instituciones existentes serán transformadas desde sus estructuras actuales en alternativas liberadoras. Pero también necesitamos desmantelar algunas de las instituciones actuales, así como crear nuevas instituciones desde cero. No es como si cada aspecto de nuestra economía actual pudiese de algún modo llevar a cabo una metamorfosis social desde dentro o desde el exterior.